Deja que te hable de mis sueños
Que tras el tiempo se escondieron
Pero que contigo han vuelto
Deja que te hable de mis sueños
Que con el tiempo se perdieron
Confundidos en el silencio
Sueño con los ojos abiertos
Puede que pienses que estoy loco
Porque me creo lo que sueño
Y si tú quieres te los cuento
Los escribí en un libro abierto
En el lenguaje de los sueños
Qué hay de malo en perseguir los sueños
Qué hay de malo en soñar despierto
Sueño en color, sueño en verso
En historias con argumento
En canciones que al fin resuelvo
Flotan guitarras en el cielo
Veo montañas en el techo
Para los sueños no hay secretos
Creo en los sueños infinitos
Aquellos que tienen los niños
Que se acarician con los dedos
Creo en los sueños verdaderos
Que corren sin rumbo ni dueño
Y a los que nadie puso un precio
Son los sueños realidad o sueños
Es la realidad verdad o un sueño
Qué hay de malo en perseguir los sueños
Qué hay de malo en soñar despierto
Son los sueños realidad o sueños
Es la realidad verdad o un sueño
Qué hay de malo en perseguir los sueños
Qué hay de malo en soñar despierto
Son los sueños realidad o sueños
Es la realidad verdad o un sueño
martes, 14 de julio de 2020
miércoles, 1 de julio de 2020
DETALLES
Una vez alguien me dijo que los pequeños detalles son los que marcan la diferencia, y es verdad, pero más marca saber valorar esos pequeños detalles. La vida esta llena de detalles, la duchita fresquita despues de pasar el dia asandote al sol, el olor a humedad previa a una tormenta de verano, esos momentos de reirte a carcajadas con alguien, cuando llegas a la cama agotado despues de un dia entero sin parar, ese trago de agua después de pasar mucho sed, la felicidad que supone conseguir una de tus metas, que otros compartan contigo su felicidad, porque la felicidad está para compartirla, podria tirarme horas y horas escribiendo los detalles que me encantan. Sin duda, tendemos más a fijarnos en los detalles no tan buenos, temer la pérdida de algun ser querida, recordar momentos del pasado con personas con la que ya no tenemos contacto, sentirnos culpables, agobiados por trabajo, estudios y vete tu a saber que más....
El caso es que aqui estamos un tiempo y nos vamos, y sinceramente, no creo que vivir tristes o amargados vaya a servir mucho de ayuda.
Creo que una de las claves de la "felicidad" y lo pongo entre comillas porque cada uno tiene un concepto diferente, es saber valorar y saborear todos y cada uno de los pequeños detalles que nos da la vida.
No digo que no haya que estar triste, joder, con lo que mola estar de vez en cuando triste, escuchando musica melancolíca, llorar tampoco esta mal, y tambien tiene su detalle de la vida que se debe valorar.
Se puede ser feliz y estar triste por muy contradictorio que suene, porque creo que para ser feliz y saber valorar la felicidad es necesario conocer la tristeza, y una vez que la conoces, ves que, coño..., tampoco esta tan mal de vez en cuando.
Hoy por ejemplo estoy en un dia de esos que ni fu ni fa. Veo pasar el tiempo, sintiendo que lo estoy perdiendo, con el calor que hace además... Que cojones, ahora me voy a pegar una duchita fresquita para quitarme este calor y para cenar una hamburguesa que están buenisimas... Que bien!! ya estoy contento!!
El caso es que aqui estamos un tiempo y nos vamos, y sinceramente, no creo que vivir tristes o amargados vaya a servir mucho de ayuda.
Creo que una de las claves de la "felicidad" y lo pongo entre comillas porque cada uno tiene un concepto diferente, es saber valorar y saborear todos y cada uno de los pequeños detalles que nos da la vida.
No digo que no haya que estar triste, joder, con lo que mola estar de vez en cuando triste, escuchando musica melancolíca, llorar tampoco esta mal, y tambien tiene su detalle de la vida que se debe valorar.
Se puede ser feliz y estar triste por muy contradictorio que suene, porque creo que para ser feliz y saber valorar la felicidad es necesario conocer la tristeza, y una vez que la conoces, ves que, coño..., tampoco esta tan mal de vez en cuando.
Hoy por ejemplo estoy en un dia de esos que ni fu ni fa. Veo pasar el tiempo, sintiendo que lo estoy perdiendo, con el calor que hace además... Que cojones, ahora me voy a pegar una duchita fresquita para quitarme este calor y para cenar una hamburguesa que están buenisimas... Que bien!! ya estoy contento!!
LOVE & HATE
Os dejo este texto, que escribió Pau Dones en su libro "50 palos... Y sigo soñando" en el que habla en este caso de la pareja y el concepto que se tiene hoy en día, un texto que comparto al 100%.
¿Vosotros creéis en la pareja? Porque yo no. Cuando una pareja de amigos se casa siempre compro dos trajes y dos regalos; uno es para cuando se casan y el otro para cuando se separan. Creo que he asistido a tantas bodas como divorcios. Con permiso de aquellos que vieron muchas películas de Disney, y sabiendo que esta es una afirmación que va a provocar cierta polémica, os digo que la pareja es el cementerio del amor.
«¿Hola, qué tal? Mira, te presento a mi pareja. Pau, Julián; Julián, te presento a Pau». ¡Malas cartas!, tantas como en una partida de póker tener un jardín. Desde mi punto de vista es erróneo pensar que pareja es sinónimo de amor. O mejor al revés, que para estar enamorado hay que tener pareja. O, dicho de otro modo, que la pareja es la plataforma indispensable para vivir enamorado. Error.
En mi caso nunca ha funcionado. Puedo haber sido un buen amigo, un buen compañero, incluso algunos días hasta un buen amante, pero como pareja he sido un desastre total y absoluto.
Será que nunca he entendido las reglas, pero es que cuando al amor se le ponen reglas, mal asunto. Supongamos por ejemplo que conoces a una chica y te enamoras platónicamente de ella. Esa mujer a la que nunca le habías prestado una atención especial se convierte, en un abrir y cerrar de ojos, en tu musa, tu amor, tu vida, tu diosa. No hay nada más importante en el mundo que su presencia. No puedes vivir sin ella, no puedes pensar sino en ella. Te la llevarías al trabajo, al fútbol, al barbero, de fiesta con los colegas… Vamos, que no te despegarías de ella ni para ir al baño, es un decir. Resulta que ella siente lo mismo por ti, con lo que inicias una relación en la que todo es perfecto. ¡Ojalá el tiempo no pasara! ¡Ojalá este amor no se acabara nunca!
Pero se acaba. Llega ese horroroso y fatídico día en que tu heroína, que a tus ojos se ha convertido en bruja, te dice: «Tenemos que hablar». Y tú, que has pasado de príncipe azul a patán insoportable, agachas la cabeza porque sabes que vienen malas cartas, y respondes: «Pero… ¿por qué? ¿Qué es lo que ocurre?». Porque si solo te sucede una vez, pues mira, pero es que ya has tenido veinte musas y con todas has acabado igual de mal.
En las parejas hay algo que no funciona, y diría que el asunto reside en una serie de vínculos extraños, de obligaciones supuestas, de intereses ocultos. En general no sabemos convivir. Vamos a lo nuestro, pensamos solo en nosotros. Queremos las cosas a nuestro gusto sin pensar en que a lo mejor el otro las ve de otra manera. Queremos cambiar a nuestra pareja sin importarnos cómo es realmente. Mi príncipe azul sí, pero del azul que a mí me gusta. Es como que de repente pasas de ser un ídolo a un objeto. Un objeto que antes gustaba mucho, pero al que poco a poco, con la convivencia, le han ido saliendo defectos que inexorablemente con el tiempo tu pareja va a intentar corregir, pero a su manera.
Ahí empiezan los problemas. Yo, que por ser tu pareja te poseo, voy a cambiar todas las cosas que no me gustan de ti, que por cierto cada vez son más: posesión, exclusividad, celos, desconfianza, enfados, cabreos, castigo, incomunicación, sexo escaso y, al final, aburrimiento. De ser compañeros pasáis a ser enemigos y no te has dado ni cuenta.
Porque parejas aburridas he conocido muchas: del amor se pasa a los pactos de convivencia, después a la falta de comunicación y, finalmente, al tedio, a consecuencia del cual la pareja se rompe, y el que paga el pato es el amor. Cuando la cosa va de matrimonio entonces el descalabro acostumbra a ser todavía peor, porque ahí entra en juego el dinero y algo más escabroso si cabe: el qué dirán.
¿Por qué se casará la gente? Hay parejas que viven juntas pero duermen en camas separadas, incluso en habitaciones separadas; hay personas estupendas que antes eran los mejores amigos pero que ahora no se aguantan ni se hablan, incluso se odian. Los hijos, la familia, el círculo social, las apariencias, el dinero, el patético mundo de los engaños y las relaciones extramatrimoniales (los amantes, vamos). ¿Cómo se puede vivir con esa presión, con ese mal rollo, con esa infelicidad? No digo que siempre sea así, pero sí que son muchos los casos.
Y digo yo que, viendo lo visto, ¿tenemos claro lo de la pareja? ¿Será que el rol de las mujeres y los hombres en el siglo XXI ha cambiado y sin embargo no lo ha hecho la figura de la pareja tal y como mandan los cánones que la sociedad establece como correctos?
Mi abuela Isabel vivió siendo uña y carne con mi abuelo Ramón hasta el día que ella falleció. Cuando la yaya se fue, el abuelo decidió que sin ella ya no quería vivir, y a los tres años también nos abandonó. Nunca los vi discutir. Mi abuela gobernaba el barco y Ramón, solo cuando era estrictamente necesario, intervenía. Un día le pregunté al yayo que cómo lo había hecho para querer tanto a la abuela, y me respondió lo siguiente: «Antes, cuando se nos estropeaba el carro de las mulas, bajábamos al herrero y hacíamos lo imposible para arreglarlo. Ahora, cuando se estropea el tractor, vas y lo cambias por otro». ¡Error!
¿Vosotros creéis en la pareja? Porque yo no. Cuando una pareja de amigos se casa siempre compro dos trajes y dos regalos; uno es para cuando se casan y el otro para cuando se separan. Creo que he asistido a tantas bodas como divorcios. Con permiso de aquellos que vieron muchas películas de Disney, y sabiendo que esta es una afirmación que va a provocar cierta polémica, os digo que la pareja es el cementerio del amor.
«¿Hola, qué tal? Mira, te presento a mi pareja. Pau, Julián; Julián, te presento a Pau». ¡Malas cartas!, tantas como en una partida de póker tener un jardín. Desde mi punto de vista es erróneo pensar que pareja es sinónimo de amor. O mejor al revés, que para estar enamorado hay que tener pareja. O, dicho de otro modo, que la pareja es la plataforma indispensable para vivir enamorado. Error.
En mi caso nunca ha funcionado. Puedo haber sido un buen amigo, un buen compañero, incluso algunos días hasta un buen amante, pero como pareja he sido un desastre total y absoluto.
Será que nunca he entendido las reglas, pero es que cuando al amor se le ponen reglas, mal asunto. Supongamos por ejemplo que conoces a una chica y te enamoras platónicamente de ella. Esa mujer a la que nunca le habías prestado una atención especial se convierte, en un abrir y cerrar de ojos, en tu musa, tu amor, tu vida, tu diosa. No hay nada más importante en el mundo que su presencia. No puedes vivir sin ella, no puedes pensar sino en ella. Te la llevarías al trabajo, al fútbol, al barbero, de fiesta con los colegas… Vamos, que no te despegarías de ella ni para ir al baño, es un decir. Resulta que ella siente lo mismo por ti, con lo que inicias una relación en la que todo es perfecto. ¡Ojalá el tiempo no pasara! ¡Ojalá este amor no se acabara nunca!
Pero se acaba. Llega ese horroroso y fatídico día en que tu heroína, que a tus ojos se ha convertido en bruja, te dice: «Tenemos que hablar». Y tú, que has pasado de príncipe azul a patán insoportable, agachas la cabeza porque sabes que vienen malas cartas, y respondes: «Pero… ¿por qué? ¿Qué es lo que ocurre?». Porque si solo te sucede una vez, pues mira, pero es que ya has tenido veinte musas y con todas has acabado igual de mal.
En las parejas hay algo que no funciona, y diría que el asunto reside en una serie de vínculos extraños, de obligaciones supuestas, de intereses ocultos. En general no sabemos convivir. Vamos a lo nuestro, pensamos solo en nosotros. Queremos las cosas a nuestro gusto sin pensar en que a lo mejor el otro las ve de otra manera. Queremos cambiar a nuestra pareja sin importarnos cómo es realmente. Mi príncipe azul sí, pero del azul que a mí me gusta. Es como que de repente pasas de ser un ídolo a un objeto. Un objeto que antes gustaba mucho, pero al que poco a poco, con la convivencia, le han ido saliendo defectos que inexorablemente con el tiempo tu pareja va a intentar corregir, pero a su manera.
Ahí empiezan los problemas. Yo, que por ser tu pareja te poseo, voy a cambiar todas las cosas que no me gustan de ti, que por cierto cada vez son más: posesión, exclusividad, celos, desconfianza, enfados, cabreos, castigo, incomunicación, sexo escaso y, al final, aburrimiento. De ser compañeros pasáis a ser enemigos y no te has dado ni cuenta.
Porque parejas aburridas he conocido muchas: del amor se pasa a los pactos de convivencia, después a la falta de comunicación y, finalmente, al tedio, a consecuencia del cual la pareja se rompe, y el que paga el pato es el amor. Cuando la cosa va de matrimonio entonces el descalabro acostumbra a ser todavía peor, porque ahí entra en juego el dinero y algo más escabroso si cabe: el qué dirán.
¿Por qué se casará la gente? Hay parejas que viven juntas pero duermen en camas separadas, incluso en habitaciones separadas; hay personas estupendas que antes eran los mejores amigos pero que ahora no se aguantan ni se hablan, incluso se odian. Los hijos, la familia, el círculo social, las apariencias, el dinero, el patético mundo de los engaños y las relaciones extramatrimoniales (los amantes, vamos). ¿Cómo se puede vivir con esa presión, con ese mal rollo, con esa infelicidad? No digo que siempre sea así, pero sí que son muchos los casos.
Y digo yo que, viendo lo visto, ¿tenemos claro lo de la pareja? ¿Será que el rol de las mujeres y los hombres en el siglo XXI ha cambiado y sin embargo no lo ha hecho la figura de la pareja tal y como mandan los cánones que la sociedad establece como correctos?
Mi abuela Isabel vivió siendo uña y carne con mi abuelo Ramón hasta el día que ella falleció. Cuando la yaya se fue, el abuelo decidió que sin ella ya no quería vivir, y a los tres años también nos abandonó. Nunca los vi discutir. Mi abuela gobernaba el barco y Ramón, solo cuando era estrictamente necesario, intervenía. Un día le pregunté al yayo que cómo lo había hecho para querer tanto a la abuela, y me respondió lo siguiente: «Antes, cuando se nos estropeaba el carro de las mulas, bajábamos al herrero y hacíamos lo imposible para arreglarlo. Ahora, cuando se estropea el tractor, vas y lo cambias por otro». ¡Error!
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